miércoles, 18 de junio de 2014

Esperanzas


Cerró el libro de golpe. Un mechón de cabello castaño claro rozó su mejilla. Otra historia que acababa bien, como tantas otras. Dejó el libro en el estante y concentró sus pensamientos en otra cosa..... el encargo recibido aquella mañana estaba ya colocado en sus respectivos lugares....                        
La joven suspiró y miró a su alrededor. La pequeña librería le parecía demasiado grande ahora. El teléfono interrumpió sus pensamientos.
-Librería papiros, ¿diga?- contestó monótonamente, al otro lado, una mujer preguntó por su padre-Lo siento, pero no se encuentra en este momento. Soy su hija, ¿quiere que le diga algo?
Anotó en un post-it los datos de la mujer y el libro que quería, se despidió cordialmente y colgó.
Otra llamada, la misma rutina.
-librería papiros, digame- una voz conocida....una amiga- Lo siento, pero no puedo salir.
¿no puedes o no quieres? evadió la pregunta.
-De verdad, tengo muchas cosas que hacer.......Mis padres me encargaron ocuparme este fin de semana de la librería y........
"Se por que haces esto. Te aislas por lo ocurrido." chasqueó la lengua mentalmente. Malditas mejores amigas.......
-Te equivocas, solo estoy ocupada.
"solo quieres aislarte" Y una parafernalia sobre que el rechazo no es el fin del mundo fue lo siguiente que escuchó. Y ella las creería...si no fuera porque todas las amigas que le daban esos discursitos estaban siempre muy bien acompañadas. colgó, dejándola con la palabra en la boca. No todos tienen siempre su cuento de hadas y ella no iba a seguir esperando a que algo similar a un romance apareciera en su vida de aburrida universitaria. Ya había sufrido suficiente.
Para ella cupido había muerto hacía ya tiempo. Eso era un juramento en toda regla.
La campanillas de la puerta repiquetearon obligandole ha alzar la vista. Al ver a uno de los clientes habituales le sonrió cortesmente, sin reparar en el joven que le acompañaba.
-Ah, encanto, tu padre debería atarte, ¡cada dia estas mas bonita!-
-Le agradezco su falta de honestidad..... ¿que estilo de libro le apetecería leer ahora?- sabía la metódica que guíaba al caballero.
Cada semana iba, pedía consejo sobre un genero en concreto y se llevaba el libro que la joven le recomendaba. Solo se dejaba guiar por el criterio de la veinteañera, ni por el de sus padres, ni por el de sus tíos.
-Oh!, no es para mi.....Es para él........siempre son para él.....De momento tus recomendaciones siempre han acertado y esta vez se ha decidido a acompañarme.- Señaló al joven que le seguía de cerca.
Lo que llamó la atención de la chica no fue su evidente atractivo. Tampoco le llamó la atención los ojos azules, tan claros que parecían aguados, ni esa cazadora de cuero. Lo que realmente le llamó la atención fue el modo de mirar los libros que tenía. Como si fueran tesoros recién sacados de una cueva. Como si fueran las joyas de la corona.
-Ey, muchacho! ven y preséntate- el aludido se giró y la miró directamente a los ojos. Le sonrió. Ella, algo azorada, le devolvió la sonrisa.- Es mi sobrino....
Su tío dijo algo sobre la carrera que estudiaba, pero la joven no prestó atención.
El chico escuchó atentamente mientras ella le explicaba diversos argumentos de algunos libros interesantes. A veces él la interrumpía para dar su opinión o puntualizar alguna cosa. A menudo su tío intervenía, ya que se perdía con mucha frecuencia en las explicaciones de la joven.
Se fueron con varios libros bajo el brazo y ella se quedó con el malestar de un juramento de nuevo roto. Media hora mas tarde reparó en un post-it que ella no había escrito, pues no era su letra. En él solo había anotado un número de móvil y un nombre. Sonrió para sí misma, mientras se dirigía a la trastienda con su movil en una mano y el post-it en la otra.

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