miércoles, 18 de junio de 2014

Lágrimas de sangre

De tanto fijarse su propia imagen había perdido todo significado. No lograba encontrarse en aquel reflejo, y mucho menos en el espejo resquebrajado por mil partes. 
No había sido queriendo, pero al intentar recuperar el equilibrio, tras un tonto tropiezo, lo había golpeado.
Empezó a tecoger los cristales del suelo, torpemente. Se cortó la palma de la mano, casi ni lo sintió. Cayó de rodillas con pesadez. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin tregua, en silencio, como una lluvia cálida plagada de melancolía. Esas viejas palabras que se habían clavado tan profundamente en ella resurgieron de su alma como la lava de un volcán en erupción. abriendo la herida que tan desesperadamente quería mantener cerrada. 
La sangre se mezcló con las lágrimas y las esperanzas muertas. Cada recuerdo se reflejó en cada uno de los pedazos del espejo. Cada "¿por qué?" no pronunciado, cada "Te quiero" sin respuesta aumentaron el llanto. Porque el amor había decidido no escucharla, dándole solo disculpas y rechazos mal elaborados. 
Se arrastró hasta el botiquín mientras apretaba una toalla contra el corte. El blanco se tiñó de rojo mientras buscaba desesperadamente algo con que curarse. Se lavó el corte, se puso algo de agua oxigenada y algodón e intentó vendarse sola la mano. Resultado: un fiasco. Como todo lo demás. Pero al menos se lo había curado sola. Recogió el desastre del cuarto de baño y fue directa a por su movil, con paso lento. Marcó un número de telefono pero no hubo respuesta. Lo intentó tres veces mas, con tres números distintos. El primero estaba apagado. El siguiente le colgó. A la tercera una voz femenina le cortó diciendo que estaba ocupada y no podía hablar.
Lanzó el movil sobre la cama con furia. Estaba cansada, muy cansada de todo Siempre el mismo cuento, la misma historia que nunca ocurre. Las mismas lágrimas de sangre.

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